EL GINECOLOGO QUE TENÍA RAYOS X EN LOS OJOS

 

Tenía cuatro años, cuando descubrió que aguzando la mirada, era capaz de atravesar la piel, observando in situ, el sistema circulatorio de su gato, con sus venas, músculos y fluidos.

Un día mientras comía, observó también a su hermano y sin darse cuenta, acompañó con la mirada el descenso lubrico de su “bolo alimenticio” a través del esófago, mientras su corazón latía musculoso entre los inflados pulmones.

-Estamos huecos…-pensó

Con esfuerzo llegó ser capaz de distinguir la columna artrósica de su profesor de matemáticas y el estilizado fémur de su compañera de clase. Definitivamente, tenía el don de ver más allá de lo que el ojo humano anhelaba.

Estudió medicina, ya que con el tiempo, fue capaz de de distinguir en la constelación de órganos, la posición de los tumores y anomalías. Incluso llegó a escuchar la siniestra respiración de la muerte, agazapada como una crisálida en el páncreas de su abuelo.

Se convirtió en un cazador de enfermedades y en la facultad se hizo famoso por sus diagnósticos imposibles.

Pero lo que más le fascinaba era contemplar la gestación de aquellos seres sumergidos en líquido amniótico. Ellos le observaban sorprendidos, como si pudiesen verle más allá de la placenta.

Si…,  le seguían con la mirada, mientras esparcía el gel para deslizar el transductor del ecógrafo sobre el vientre materno. Casi siempre le sonreían o agitaban sus piernitas y parecía que le decían -Guardaremos tu secreto…   

R. Urioste