Comenzaron a pasear por nuestros parques a partir del 2023, cuando se pusieron a la venta, como si de un dron se tratase.

Ya los había visto dar sus primeros pasos en YouTube, conectados a un cable sorteando algunos obstáculos bajo la atenta mirada de los ingenieros. Luego evolucionaron y se hicieron más autónomos y como si fueran cachorros, empezaron a dar sus primeros pasos, subiendo y bajando escaleras. Estos cuadrúpedos llamados cheetah (leopardo) empezaron a ser utilizados por algunos ejércitos para transportar material o adentrarse en las lineas enemigas.

El perfil de estos robots se suavizó cuando se les dio funciones de rescate en zonas catastróficas. Lo último ha sido incorporarlos al mundo del ocio.

Ayer paseaba a mi perro por el parque del Retiro en Madrid, lo llevaba atado y se me acercó uno de esos «cheetah» de tamaño mediano. Su dueño me observaba orgulloso, comprobando  que mi perro le observaba inquieto  manteniendo una prudente distancia. Luego se acercó a olisquearlo y claro…nada…

 

Entonces el dueño debió activar alguna función, ya que aquel cacharro, pegó un salto hacia atrás, provocando a mi perro con un sonido hueco. Al poco tiempo comprobé atónito que ambos estaban jugando.

Me acerqué al dueño de aquella máquina, que por lo visto se llamaba Tobit, me explicó que tenía un programa de aprendizaje y que ya muchas actividades las hacía solo. Desde la semana pasada por lo visto le seguía a todas partes. – Y no tienen caducidad…pueden acompañarte toda la vida, actualizandolo con una pequeña suscripcion…

A una orden le indicó que se acercara a mí y pude acariciar aquella tensa superficie fría y temblorosa. -En las siguientes actualizaciones podremos forrarlos para que tengan el aspecto de un animal auténtico….El pelo hace mucho.

Me acaricié la calva y no supe que decir..ya que aquel chucho metálico salió trotando detrás de mi perro.

Pasaron varios meses, cuando al salir de casa mientras paseaba a Boris, los vi expuestos en un escaparate. Permanecían alineados como pequeñas esfinges y con sus cabezas seguían la mirada de los transeúntes.  Estaba tentado de comprarme uno, siempre había sido un aficionado a los últimos gadgets del mercado, pero Boris no quería entrar en la tienda.

Fue una semana más tarde, a mediados de otoño, cuando cerca del estanque del retiro, vi una ambulancia del SAMUR. Allí estaba un hombre mayor en el suelo y junto a el un cheetah que por lo visto lo había derribado al acercarse a su amo.-Solo quería pedir unas monedas- Su dedo tembloroso apuntaba hacia aquella máquina ahora desconectada .

La policía estaba tomando los datos y el dueño de la mascota, nervioso, enseñaba los papeles del ingenio mecánico.-Nunca había pasado…es la primera vez…que reacciona así…

Entonces recordé la conversación mantenida con un amigo experto en bioética, cuando me indicó que los robots, que ahora empezaban a estar en todas partes, no podías ser aún responsables de sus actos, pues no eran libres para decidir.

No eran libres para decidir, hasta ahora…

Durante aquel año se produjeron algunos incidentes más en toda la ciudad, pero también actos heroicos realizados por cheetahs, que salvaban vidas localizando a desaparecidos tras el fuego o en los subterráneos del casco antiguo. Ellos nunca descansaban y tampoco necesitaban dormir.

Solo tuvimos que esperar unos años para presenciar los primeros accidentes domésticos graves. Pasaron los años, ya no tenía a mi querido perro, pero recordaba su mirada fiel e incondicional…pensé por un momento que nunca podrían copiar sus ojos…pero solo fue un momento…

-Malditos algoritmos…

Ramiro Urioste